Once.

       

        Y un día te incorporé

a mi vida,

como a tantas

otras cosas,

y juntos fuimos

viajando

por el tiempo,

enfrascado

en tu diminuto

mecanismo.

 

        Reloj,

tu tic-tac

fue mi eterno compañero,

mi inseparable

amigo,

hasta llegar

a comprender

la realidad,

alimentada con tu fibra

obscura:

 

que me encerraste

en tu cajita de metal,

que quedé

prisionero

en tus agujas...