Mariana.

 

(Mi humilde elogio a la can-

ción "Mariana", profunda, de

Alberto Cortés.)

       

        El nuestro

fue un amor sin

restricciones,

Mariana,

sin barreras

de ninguna

especie.

 

        Si bien fuiste

la mano

maternal

que acarició mi cabellera,

la del niño

que llevo

en el

sentimiento,

también fuiste,

Mariana,

el vino que calmó

mi sed

            marina.

 

        Y el recuerdo

de ese amor,

Mariana,

se me anuda

en la conciencia,

mujer...

 

        Te lo juro,

saber quisiera

en dónde acaba

el alma...,

y en dónde empieza

la piel.

 

Dic. 15 de 1974.