Homenaje.

       

        Tú sentiste palpitar

el corazón humano

en la mano

que se apoyó

sobre tu frente,

la tinta que vertiste

dilatóse

y se extendió sobre las

cosas

como un manto

caliente,

vaporoso.

 

        La cuerda de tu voz

vibró

siempre, intensa,

con el impulso inicial,

luego la inercia

espacial

la eternizó

en los sentidos

abiertos

de la tierra,

traslúcida,

compacta,

inevitable.

 

        Y tu corazón

y tu tinta,

Pablo Neruda

(como lo hubieras querido,

Neftalí Reyes),

y la cuerda segura

de tu voz

-más allá de septiembre,

donde quiera que estés-,

y la cuerda segura

de tu voz...

quedará, quedará...,

pasará el tiempo

y no habrá

de enmudecer...