Fines de 1975.

       

        La primavera amaneció contigo,

tomó las vestiduras de tus formas

y saturó la casa con tu presencia...

 

        Tengo la noche de tus cabellos

anudada en mis manos...

 

        Con el silencio que en ráfagas atraviesa

la ventana abierta de la habitación

llegar parece la melodía de un violín lejano

(sobre la cúpula azul),

que nada, y flota y se debate

en las dilatadas partículas de luz

del sol que se levanta

de su nocturno lecho,

y se me entra por los ojos

por los poros de la piel

por entre los labios,

y se me entra en el pecho

y se hace dueña y señora de todo,

la melodía del violín lejano.

 

        Y duermes, y dormida

me encanta mirar profundamente

tus pupilas cerradas,

sentir pasar un sueño

bajo tus sienes blancas.

 

        De pronto te despiertas, y tus ojos

hondamente se anegan en los míos.

 

        En el rocío de luz en que sonríes,

 

y en la mañana que tu frente ciñe,

la primavera amaneció contigo.