Diez.

       

        Honda tenaza

que profundamente

corta una cuerda vibrante

en el fondo del agua,

un par de ojos arraigados

miran,

sólo miran,

y callan...

 

        Y la voz va perdiendo

intensidad,

y la claridad

del medio

se va trocando en sombras

(en el olvido

de todas las ventanas),

mientras que

en aquellos ojos abiertos

-lentamente-

se va apagando

y apagando

                    -gradualmente-

la ráfaga de luz

de esa mirada...