Cinco.

       

       Tu talle se convirtió

en un pájaro aterido entre

mis manos,

mi corazón trocóse en piel

enteramente

para recibirte

toda,

y en tanto transité

tu anatomía

en la noche

se dilataron los iris

y recibí tu piel

en sombras.

 

        Después los anillos

de silencios

inquebrantables,

mi corazón despojóse

de su manto de piel...

Y jamás pude

saber

si fuiste ángel,

o si fuiste demonio,

o si tan sólo

fuiste

-aquella noche-

una mujer...