Catorce.

       

        Dulce recuerdo de la mano aquella

que acariciaba con amor mi pelo,

bajo los ojos de elevada estrella

que refulgía en el azul del cielo.

 

        Y el calmo mar que se estrelló, latente,

contra la roca, humedeció la arena,

mientras lloraban silenciosamente

nuestras dos almas una misma pena.

 

        Piel que dialoga con piel. Una mirada

que vislumbraba un porvenir sombrío.

Y aquella nota: la figura amada

que se alejaba en un adiós de frío.