A unos ojos.

       

        Mil veces lo intenté,

mil veces mil,

quise llenarlos

de frases

y saturarlos de imágenes

poéticas,

asociarlos a las

más puras

expresiones de la vida,

tal vez para llenarme

yo mismo de

ellos,

amiga,

tal vez para extasiarme

y comprender

su universo,

mas fracasé:

las horas

no se detuvieron

en la tinta,

se sucedieron

los momentos,

como siempre,

fui llenando

y destruyendo

borradores.

 

        Ellos siguieron allí,

mirándome

en las horas cotidianas,

yo permanecí

callado

y continué observando

la diadema:

todos los días,

cada día,

alojábase el sol

en tu mirada,

amiga,

en las aguas

azules de tus ojos,

de aquel lejano océano

de oeste.

Yo quise hacerles

un estuche de poesía,

yo quise perpetuarlos

en una ráfaga,

en un soplo celeste,

y fracasé,

no supe

vestir de

palabras

mis sensaciones:

ellos seguían

mirándome

en las horas cotidianas,

y yo

llenando

y destruyendo

borradores.