Atiende, Pinochet: este poema

lo escribo para ti, para ti solo;

acongojado un poco por la pena,

un poco atormentado por el odio.

 

 

Por esta enorme pena que me asfixia

de ver que a todo un pueblo has traicionado,

que la traición se incrementa día a día,

que es un sudario tejido por tus manos.

 

 

Esa es mi gran congoja. En cuanto al odio…

no es necesario que toquemos ese tema.

Toma consciencia, amigo: tú estás solo,

y al pueblo traicionado, de algún modo,

tarde o temprano se le rinde cuentas.

 

 

(Libro Sumergido)