Rescatando a Angélica Marino (escritora)

 

 

En Mar del Plata, en 1958. En la playa, con tres de sus cuatro hijos: Roberto, Irma, Miguel Ángel y Amelia (y un pingüino). eBook Tic-Tac.

eBook Chispitas de amor.

Partitura original La letra...

Una historia del viejo Hospital Rawson.

Enero de 1971. Dos mujeres agonizan en una sala general del hospital Rawson. Llevan ahí algún tiempo, despidiéndose de la vida, y la complicidad que provoca la inmediatez de la muerte las ha convertido en amigas. No hay mucho que hacer, salvo sufrir y esperar. Se cuentan su vida, la vida que fue y que se les está escapando. Una de esas mujeres es mi madre, Olinda Cóccolo. La otra es Angélica Marino, docente y escritora, que en confidencia de muerte comparte con su vecina el dolor por irse de este mundo sin que se sepa la verdad. Y la verdad es que el tango El último café es de su autoría. Angélica Marino fallece, y Olinda, aunque ha sido desahuciada por los médicos, salva la vida milagrosamente (tiene septicemia. Un señor vestido de negro entra en la sala y le ofrece un líquido que puede curarla, pero no debe hacer preguntas. No hay médicos alrededor, enfermeras, nadie. Mi madre asiente con los ojos. El misterioso caballero le levanta la cabeza y le hace beber media botella de un líquido negro y espeso que sabe a hiel. Luego se va tan sigilosamente como ha llegado, y jamás regresa. Olinda permanece en estado de coma un día completo; despide pus por todo el cuerpo, incluso por debajo de las uñas. Los médicos la dan por perdida. Al día siguiente comienza a reponerse, como por arte de magia. A los pocos días sale caminando del hospital. Y jamás sabe si el señor de negro es un ángel, alguien que desea probar una droga experimental, Dios en persona. Esta es otra historia). Angélica Marino muere. Su madre, Arcilia Marino, le obsequia a Olinda un libro con poesías infantiles de la difunda, Chispitas de amor, dedicado con el dramatismo de aquel momento: "Angélica te hubiese puesto palabras más lindas yo te digo ¡Qué lindo fue conocerte! Ella te quiso mucho. Se fuerte. Arcilia Marino. 20/1/71" Mi madre me cuenta la historia, pero jamás le doy demasiado crédito; es una historia de dos moribundas, me digo, y en ese trance la mente suele traicionar. Mamá fallece hace más de diez años, y heredo el libro de Angélica Marino, que atesoro sin saber muy bien por qué. Hace unos meses lo desempolvo y me dedico a leerlo con algo de atención; vuelve a mi memoria la historia que lo acompaña. Y me digo... ¿y si fuera cierto? Investigo un poco. Encuentro la partitura original del tango y noto que está dedicada así: "A la pintora Arcilia Marino, con admiración y cariño. Héctor Stamponi" Arcilia, la madre de Angélica, la misma que ha escrito esas palabras a Olinda con su hija recién fallecida. El propio libro tiene una partitura de música de Héctor Stamponi, sobre una letra de Angélica Marino. Así que me digo vaya, hay indicios muy claros de que esto es más que el divague de una mujer que agoniza. Rastreo y consigo otro libro de la Marino, algunos kilómetros al norte de Buenos Aires. Esta vez es Tic Tac, también con poesías infantiles. Desembalo las viejas fotos de mamá y separo dos que, si mal no recuerdo, son de la escritora, casi con seguridad. Intento ubicar las poesías adultas de Angélica Marino, infructuosamente. En estos días trato de contactar a sus descendientes, pero no tengo éxito todavía. Ellos deben atesorar el resto de su producción literaria, y yo estoy imbuido de la firme intención de darla a conocer. Me parece que todos los que tratamos de producir literatura tenemos que abocarnos a la tarea de sustraer del olvido a un escritor de las décadas pasadas. Uno solo. Sería tan importante, para nosotros, como plantar un árbol y tener un hijo... Arriba de estas líneas están las fotos de Angélica Marino, con sus hijos, a quienes les dedica algunos de sus poemas. Siento también el orgullo de subir los eBooks de sus dos libros de poemas infantiles. Está, además, la portada de la partitura del tango de la discordia (me contacto con historiadores del tango, pero ninguno responde). Por último, va la letra de El último café, que es hermosa, a pesar de su tristeza. Hay mucho plagio en la música, como lo hay en la literatura. Los festivales de la canción contratan a un detective musical,  precisamente para detectar estas anormalidades, tal como en un partido de futbol se realiza un antidoping. Me parece que lo mismo hay que hacer con la producción literaria, poética, incluso académica (Humberto Eco, Cómo se hace una tesis). Por último, si alguien lee estas líneas y posee datos sobre esta escritora, por favor...

Buenos Aires, 22 de abril de 2012