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Regalo a mami. 23-05-71.

Terminé de escribir este cuaderno en Valparaíso cuando tenía

13 años, y se lo mandé de regalo a mi vieja, que estaba en Buenos Aires.

Pobre, lo que habrá pensado al leerlo: mi hijo es un pequeño jeropa.

Hoy lo rescato como una pieza arqueológica de valor nulo,

apenas para reírme y para entender un poco cómo era

a esa edad. Parece ser que sólo pensaba en chicas, aunque Allende

gobernaba el país desde el año anterior y nos abría la cabeza. Dos meses

después, el 8 de julio de 1971, un terremoto devastó la ciudad y

la tragedia nos golpeó, a mi padre y a mí, desde lo habitacional, pues migramos

durante semanas de casa en casa, hasta que nos ubicamos en una pensión

de Viña del Mar. Noto, también, que el pibe que barruntó estos malos versos

creía en Dios y admiraba a Jesús. Si voy a leer mis recuerdos

juveniles escritos dos años más tarde, a partir del golpe de estado de Pinochet

(por favor, reservemos el nombre revolución  para cosas mejores), me

encuentro con otra persona, alguien que sentía una fuerte preocupación

por el drama social que se cernía sobre el país (La libreta negra). 

Sin embargo, los años no borraron la fascinación por el mundo femenino, que,

como Balzac, jamás llegaré a comprender.