Trepidaciones.

 

 

--Buen día. ¿Tiene salame?

 

Las campanitas de la puerta del almacén tintineaban todavía, detrás del primer cliente de la mañana. A quién podía ocurrírsele comprar salame tan temprano.

 

--Hay salame, si señor.

 

--Déme medio kilo del picado fino.

 

--Enseguida se lo preparo.

 

El almacenero sacó de una repisa la bolsa con el salame, cortó medio kilo a ojo de buen cubero, y lo puso en la picadora, que reguló para fino.

 

--¿Algo más?

 

--No, sólo quiero el salame.

 

--Bien. Son 80 pesos si lo manda certificado, 104 por expreso.

 

--Esto tiene carácter de urgente. Póngalo por expreso.

 

El almacenero tomó un sobre azul e introdujo en él la pasta que colgaba de la picadora. Cerró el sobre, lo lacró y lo acomodó en la bandeja de las urgencias.

 

--Mándelo a esta dirección –y le entregó su palm-one-. ¿Cuándo estima que llegará?

 

--A ver… esto es en capital… puede tenerlo mañana a la tarde.

 

--Perfecto. Entonces en dos días paso a retirar la palm.

 

--A mi hija le encantará jugar con ella.

 

El cliente dio media vuelta y ya tenía el pomo de la puerta en la mano, pero de un salto llegó de nuevo al mostrador, impelido por un recuerdo.

 

--¡Casi lo olvido! ¿Tiene autos?

 

--No muchos, pero algo hay. Estamos en temporada baja y la fábrica no entrega con normalidad… Fíjese en esta carpeta, a ver cuál le gusta.

 

--Faltaba más, elíjalo usted, por favor. Lo importante es que sea verde.

 

--A ver… verde… verde…

 

El almacenero se acomodó las gafas y repasó las primeras hojas del catálogo.

--Aquí está, tengo una pic-up verde. –Metió las manos debajo del mostrador y extrajo algo pequeño.- Tome las llaves. Es la que está en la esquina, la verde agua.

 

--Gracias. ¿Esto cuánto me sale?

 

--No se haga problema: cuando viene a retirar la agenda electrónica, se lo cobro… En caso de que no tenga quejas por el salame, claro está.

 

--Se agradece… Buenas tardes.

 

--Hasta pronto. Y no vuelva nunca a comprar aquí.

 

 

 

23 de Abril de 2006